
Uno de los valores que No es pecado pretende transmitir es el de informar y formar en lo posible en aspectos relacionados con el mundo de la sexualidad y el sexo. Aspectos importantes que, a veces, nos afecta directamente en nuestro día a día o que simplemente escuchamos hablar y no sabemos certeramente de que se tratan.
Este es un espacio dedicado exclusivamente para todos vosotros. Donde mensualmente publicaremos un tema de interés común relacionado con el sexo y la sexualidad.
Una semana después y previa información expuesta en la web tendréis la oportunidad de poder “charlar” on-line con la sexóloga y consultarle o ampliar aquellas dudas que tengáis sobre el tema publicado.
Esperamos que sea de vuestro interés.
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Ciclos, Don Femenino
12/05/2009
“Nuestro ciclo es como el ciclo de una planta. Existe un tiempo indicado para plantar las semillas, para crecer y desarrollar ramas, para soltar semillas y para volver a nuestras raíces”
Annie Shaw
La Tierra, el planeta que habitamos es un ser vivo en sí, y si se desea conocer el cuerpo, emociones, pensamientos; la mejor enseñanza es observar cómo se comporta la tierra.
Todos los seres tenemos ciclos (el ciclo de sueño-vigilia, el del hambre) pero en el cuerpo de las mujeres ocurre un microcosmos del curso de la vida-muerte-vida, el ciclo lunar, es el movimiento que marca el comportamiento de todas las cosas vivas que habitan este planeta. Las características sexuales que tiene el cuerpo femenino son el espejo de esa pauta.
En otros tiempos considerada sagrada y motivo de culto, la sangre menstrual indicaba el paso de otro ciclo lunar completo en el que cabían (según la estación) diversas posibilidades incluyendo la de la procreación de nueva vida.
Tres de las religiones más importantes en la cultura patriarcal (judía, cristiana y musulmana) intentaron desaparecer el vestigio del culto a lo femenino condenándolo para evitar perder posibles adhesiones y progreso del poder que ejercen desde su inicio. De las tradiciones matriarcales proviene toda la “iconografía mariana”, símbolos que fueron adoptados y adaptados para complacer y convencer a los posibles adeptos a la conversión cristiana y católica ya que observaron que las practicas más ancestrales de culto y celebración de la vida (que es el planeta mismo) eran difíciles de desarraigar, así que imágenes, celebraciones, mitos, fueron integrados progresivamente y adaptados a las necesidades del nuevo modelo de sociedad. El calendario fue modificado, y los trece ciclos lunares se convirtieron en un calendario “solar”, doce meses, un calendario cuyos períodos son más largos que el transcurso de las fases lunares, que obliga a tener un mes de 28 días, algunos de 30, otros de 31 y cada cuatro años para poderlo ajustar, un día de más; periodos que llevan nombres que nos hicieron olvidar que el asunto del tiempo se medía en época de lluvias, período de siembra, hora de cosechar… que la celebración de advenimiento de la época de luz, el solsticio de verano se convirtiera en el rito de “purificación” de San Juan.
Todo ello ligado a un cielo negro que tarda 28 días en convertirse en plenilunio, ciclo que gobierna el cuerpo de las mujeres en edad fértil y que es más que unos “fastidiosos” días de sangrado.
El empeño que hay en la cultura que vivimos de borrar todas las huellas del “poder” de lo femenino nos ha llevado a un rechazo general del periodo menstrual, de insistencia de que todo lo relacionado a los ciclos es gobernable y se puede modificar, que hay perpetuidad y se puede retar a la naturaleza.
El desconocimiento y rechazo de nuestra naturaleza nos ha llevado a enfermar, individualmente y colectivamente. Por ejemplo, la repulsa y desprecio del sangrado mensual de las mujeres es un asunto de ignorancia que ha provocado enfermedades como el SPM (síndrome premestrual), en el próximo artículo os contaré más sobre el tema…
Ixchel Francodíaz
Conductora de Talleres de Sexualidad Consiente |